El matcha latte es la puerta de entrada de casi todo el mundo al matcha, y también donde más gente se decepciona. Casi siempre por lo mismo: no es el matcha, es la técnica.
La receta base
Para una taza de 250 ml:
- 2 g de matcha (dos cucharadas medidoras rasas)
- 50 ml de agua a 70–80 °C
- 180 ml de leche o bebida vegetal
- Endulzante al gusto, opcional
- Tamiza el matcha sobre el bowl. No es opcional — volvemos a esto más abajo.
- Agrega el agua caliente y bate con el chasen en zigzag, en forma de M o W, no en círculos. Unos 15 a 20 segundos, hasta que se forme una capa de espuma fina y uniforme.
- Calienta la leche sin dejar que hierva, alrededor de 60–65 °C. Si tienes espumador, texturízala.
- Vierte la leche lentamente sobre el matcha ya batido, no al revés.
Los tres errores
1. Agua hirviendo
Es el error más común y el más fácil de corregir. El agua a 100 °C quema el matcha y libera las catequinas más astringentes: de ahí viene ese amargor metálico que mucha gente asocia al matcha en general. El rango correcto es 70–80 °C.
¿No tienes termómetro? Hierve el agua y déjala reposar entre 7 y 10 minutos. O agrega un chorrito de agua fría a la taza antes de servir.
2. Saltarse el tamiz
El matcha es un polvo extremadamente fino y por eso se apelmaza dentro de la lata. Esos grumos no se deshacen batiendo: se rompen parcialmente y quedan como puntitos que después te encuentras en el fondo del vaso. Pasar el matcha por un tamiz de acero antes de batir toma cinco segundos y resuelve el problema entero.
3. Echar la leche antes de disolver
Si tiras el polvo directo sobre la leche, no se disuelve. La grasa de la leche recubre las partículas y quedan flotando. Siempre: primero pasta de matcha con poca agua, después la leche.
Qué matcha usar para latte
Acá hay un matiz que casi nadie explica. El matcha ceremonial más puro está pensado para tomarse solo con agua: es delicado, y con leche su perfil se pierde. Para latte conviene un matcha también de grado ceremonial pero con un perfil más robusto, que aguante la leche sin desaparecer.
Por eso nuestra lata de Matcha Latte de 50 g es distinta de la ceremonial de 30 g: misma calidad, distinto balance. Ninguna de las dos contiene leche, azúcar ni aditivos — el nombre se refiere a para qué está pensada.
Qué leche funciona mejor
La de avena barista es la favorita de las cafeterías de especialidad: espuma bien, tiene dulzor natural y no pelea con el perfil vegetal del matcha. La de almendra es más liviana y deja el matcha más protagonista. La de coco endulza mucho y tapa. La de vaca entera funciona perfecto si no tienes restricciones.
Qué necesitas para empezar
Lo mínimo real: matcha, algo para tamizar y algo para batir. Un chasen de bambú da la mejor textura, pero un espumador eléctrico funciona bien si tienes apuro. Si prefieres resolverlo de una vez, nuestros kits de matcha traen todo junto.
¿Buscas la versión fría? Mira cómo hacer un iced matcha latte sin que quede aguado.

